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Cala d’Or

Cala d’Or, la realidad de un sueño mediterráneo.

Enero 28, 2026
Tiempo de lectura: 10:10 minutos

Cuando uno pasea por Cala d’Or, por sus calles blancas entre pinos centenarios o se baña en sus calas tranquilas color esmeralda, puede pensar que fue fundado en épocas antiguas, como Cala Figuera o Portocolom. Cala d’Or es más reciente, fruto del sueño y la pasión de un visionario.

Detrás del bello y singular destino que es hoy Cala d’Or existe un proyecto cultural y urbanístico sorprendente, nacido del sueño de un artista: Pep Costa Ferrer, más conocido como “Picarol”. Su visión, inspirada en la arquitectura tradicional de Ibiza y su amor por la naturaleza, dio forma a este pueblecito blanco enclavado entre calas y pinares. Un sueño mediterráneo hecho realidad.



En este post queremos recuperar esa historia: la del hombre que fantaseó y creó Cala d’Or, la arquitectura que define su identidad y la huella cultural que aún hoy pervive.


 





La búsqueda de la belleza en armonía con la naturaleza 


A principios del siglo XX, la zona que hoy ocupa Cala d’Or la formaban un conjunto de calas vírgenes y densos pinares que se precipitaban al mar. Fue en 1933 cuando Costa Ferrer, dibujante, caricaturista, anticuario, interiorista, editor y figura cultural de la época, decidió trasladar a Mallorca un ideal: replicar la armonía estética y humana del Mediterráneo blanco. Tenía en mente fundar una colonia turística y de reposo para artistas, un lugar donde descansar el alma y buscar inspiración a la sombra de los pinos, entre calas de aguas color esmeralda y arena dorada.


Su objetivo no era urbanizar la costa, sino crear un pueblo mediterráneo moderno, coherente, integrado en el paisaje y profundamente humano.


Por eso fue pionero: mientras otras zonas de la costa balear crecían sin un criterio definido, Cala d’Or nació con un proyecto estético y cultural claro, que llevaba emparejadas unas normas urbanísticas muy exigentes y respetuosas con el entorno. Algunas de ellas fueron incluidas posteriormente en la normativa urbanística del Ayuntamiento de Santanyí y otras siguen siendo aplicadas de manera voluntaria por técnicos y propietarios.


 




La huella ibicenca: arquitectura nacida de la luz 


 


Las primeras casas que impulsó mantenían un estilo inconfundible: volúmenes cúbicos, muros redondeados y encalados, pared seca con acabado en “esquena d’ase” (espalda de asno) blanca, delimitando parcelas, ventanas pequeñas y cubiertas planas. Formas orgánicas, buscando el diálogo constante entre arquitectura y naturaleza.



Costa Ferrer aplicó en Cala d’Or los principios esenciales de la arquitectura tradicional ibicenca



Blanco puro: no solo para reflejar la luz, sino como símbolo de sencillez y equilibrio.

Volúmenes cúbicos: inspirados en las antiguas casas payesas, racionales y honestas en su forma.

Ventanas pequeñas y geométricas: pensadas para generar intimidad y frescor.

Terrazas planas y azoteas: espacios pensados para la vida al aire libre, en contacto con el cielo.

Integración con la naturaleza: las casas nunca dominan el paisaje; parecen crecer entre pinos, respetando curvas y desniveles. Y es que Costa instauró unas normas urbanísticas de obligado cumplimiento en la urbanización. Entre otras, estableció que los edificios no debían superar en altura el pino más alto de su entorno inmediato, garantizando así que las construcciones quedaran siempre integradas en el paisaje natural de Cala d’Or. Esta magnitud se ha perdido en la memoria.


Su intención era clara: que la arquitectura no invadiera el entorno, sino que lo acompañara. Y que la estética tuviera una coherencia visual que convirtiera el conjunto urbano en una obra cultural.


El resultado fue un estilo propio: el ibicenco mallorquín de Cala d’Or, una reinterpretación personal que convirtió este pequeño rincón del sureste mallorquín en uno de los proyectos urbanísticos más singulares del Mediterráneo.


 




Mucho más que casas: la visión cultural detrás del diseño 


El proyecto de Cala d’Or era también profundamente cultural. Costa Ferrer soñaba con un núcleo mediterráneo moderno: un lugar donde el arte, el diseño, la vida al aire libre y el respeto por el paisaje formaran un todo.



Promovió espacios públicos, un centro peatonal, galerías de arte, plazas pensadas para la convivencia y lugares donde la vida discurría a otra velocidad. Los pasajes al mar invitaban a descubrir bellos marcos de nuestra mar Mediterránea, contemplar el regreso de las barcas de pesca tradicionales “llauts” o el chapoteo de un “corb marí” (Phalacrocorax) al atardecer. También proyectó una bella iglesia. No era solo arquitectura: era una idea de comunidad.


Tras la Guerra Civil y con las transformaciones de los años ‘60 y ‘70, Cala d’Or siguió creciendo, pero el espíritu original permaneció como guía. Todavía hoy, determinadas zonas, principalmente su casco antiguo, mantienen esa sensación de armonía blanca, ordenada y luminosa.



La exposición que recupera la memoria: “Cala d’Or, la realitat d’un somni”  



El año pasado, el municipio dedicó una exposición a este legado: “Cala d’Or, la realidad de un sueño”, un recorrido visual y documental por los orígenes del núcleo, la figura de su fundador y la evolución de su arquitectura.


Diez paneles mostraban: fotografías históricas, planos originales y testimonios de quienes vivieron el crecimiento del núcleo, acompañados de ilustraciones de Costa Ferrer. Con las que se podía contemplar la evolución del urbanismo desde sus primeras casas blancas hasta el trazado actual del pueblo.


La muestra recordaba algo importante: Cala d’Or no surgió por azar, sino del deseo de una persona muy sensible y de gran sentido estético con una misión, crear un lugar bello, coherente, mediterráneo y profundamente humano.


 




Un legado que sigue vivo


Nos gustaría poder decir que Cala d’Or mantiene de manera intacta aquella atmósfera de calma, orden y luz con la que Costa Ferrer soñó. Desgraciadamente no todo el desarrollo urbanístico ha seguido las guías de Costa, aun así, la mayoría de los promotores y técnicos, siguen respetando su legado y tratan de adaptar sus proyectos al estilo que tanto amaba Costa. 


Desde aquí nos gustaría alzar la voz a favor de crear unas normas urbanísticas y paisajísticas más respetuosas con el estilo que instauró Costa. Protegiendo los pinos centenarios, fomentando nuevas siembras de pinos y animando a los agentes públicos y privados a cuidar de su pueblo y entorno.

La arquitectura encalada, los pinos que penetran en el paisaje urbano, las pequeñas calas, miradores al mar y los caminos tranquilos siguen siendo parte de su identidad. 


Un patrimonio de alto valor cultural y paisajístico que debemos preservar a toda costa.
En Inturotel amamos profundamente la historia de nuestro pequeño enclave y compartimos los ideales de Costa. En estos momentos de grave crisis ambiental sus preceptos son más actuales y necesarios que nunca.


Nuestro deseo es incorporar la filosofía de este gran soñador a nuestros establecimientos en Cala d’Or, creando espacios bellos y armoniosos con el entorno que ofrezcan a nuestros huéspedes una experiencia única de relax y bienestar. 


Cala d’Or es, en esencia, un sueño mediterráneo hecho realidad. Y tú, alojándote con nosotros, estás en el corazón de ese sueño. Aquí, el mar, los pinos y el sol dialogan con la arquitectura. La luz se desliza sobre los muros blancos como un pincel. Cada rincón invita a detenerse y maravillarse de la belleza natural que nos rodea.


Te esperamos en Inturotel, en Cala d’Or, tu pequeño paraíso mediterráneo.




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